Trastornos de Conducta y Emociones en Sevilla
¿Qué entendemos por Trastornos de Conducta y Emociones
Cuando el malestar emocional encuentra su forma de expresarse a través de la conducta.

Hablamos de situaciones en las que el malestar emocional se expresa principalmente a través de la conducta: explosiones, aislamiento, conflictos repetidos o impulsividad.
Estas conductas no suelen ser el problema en sí, sino una forma de comunicar un malestar que la persona joven todavía no sabe gestionar de otra manera.
El tratamiento no se centra en «corregir la conducta», sino en comprender qué ocurre debajo de ella y ofrecer herramientas para un mayor bienestar.
Señales habituales
Desregulación emocional intensa
Irritabilidad o enfado frecuente
Impulsividad o dificultad para controlar reacciones
Conflictos continuos en casa o en el colegio
Problemas en las relaciones con iguales
Conductas de riesgo
Aislamiento social o dificultades para vincularse
Autolesiones o ideación suicida
¿Cómo trabajamos los Trastornos de Conducta y Emociones
Desarrollamos un plan de intervención individualizado, adaptado a la historia, las necesidades y la etapa evolutiva de cada joven, articulado en seis áreas que trabajan de forma multi e interdisciplinar.
Evaluación integral
Valoración completa de la historia personal, el contexto familiar y la etapa evolutiva para diseñar un plan terapéutico ajustado a cada caso.
Psicoterapia individual
Espacio seguro para explorar emociones, trabajar la regulación emocional, la gestión de la impulsividad, la autoestima y las habilidades relacionales.
Intervención familiar
Sesiones con la familia para mejorar la comunicación, comprender las emociones en juego, establecer límites claros y reconstruir vínculos.
Trabajo grupal
Espacios donde practicar habilidades sociales, gestión de conflictos y expresión emocional junto a otros jóvenes en situaciones similares.
Apoyo psiquiátrico
Valoración y seguimiento médico cuando la situación lo requiere, siempre coordinado con el resto del equipo terapéutico.
Coordinación educativa
Comunicación con el centro escolar para comprender el contexto, prevenir riesgos y ajustar expectativas académicas durante el proceso.
Objetivos del tratamiento
Metas concretas que perseguimos junto a la persona joven y su familia a lo largo del proceso.
Reducir conductas de riesgo
Disminuir las conductas impulsivas y de riesgo que generan preocupación.
Regulación emocional
Desarrollar herramientas para gestionar emociones de forma saludable.
Gestión de conflictos
Adquirir habilidades para resolver conflictos de manera constructiva.
Autoestima e identidad
Fortalecer la autoestima y acompañar la construcción de la identidad personal.
Relación familiar
Mejorar la comunicación y el vínculo con la familia.
Proyecto personal
Recuperar la rutina y construir un proyecto vital más estable y saludable.
Cuando la conducta habla de un malestar que no encuentra palabras
Conflictos, impulsividad, aislamiento o conductas de riesgo suelen ser señales de un sufrimiento que necesita ser comprendido. Comenzamos con una Entrevista Inicial Gratuita para orientaros.
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Preguntas frecuentes
Los trastornos del comportamiento y las emociones (TCE) hacen referencia a dificultades en la regulación emocional y en la forma en que estas emociones se expresan a través de la conducta.
En la adolescencia, el malestar emocional puede manifestarse de diferentes maneras: cambios intensos de ánimo, irritabilidad, impulsividad, conflictos frecuentes en casa o en el colegio, dificultades para gestionar la frustración o conductas que generan preocupación en la familia.
En muchos casos, estas conductas no aparecen de forma aislada, sino que están relacionadas con dificultades emocionales, experiencias vitales complejas, estrés, problemas en las relaciones o momentos de especial vulnerabilidad en el desarrollo.
Por eso, el tratamiento no se centra únicamente en la conducta visible, sino en comprender qué emociones o necesidades pueden estar detrás de ella, ayudando a la persona joven a desarrollar recursos para regularse mejor y relacionarse de forma más saludable con su entorno.
Puede ser recomendable consultar con un profesional cuando los cambios emocionales o de comportamiento empiezan a generar malestar significativo o dificultades en la vida diaria de la persona adolescente o en la dinámica familiar.
Algunas señales que pueden indicar que es buen momento para pedir orientación son:
• Cambios intensos o frecuentes en el estado de ánimo
• Irritabilidad o enfado constante
• Conflictos repetidos en casa o en el colegio
• Dificultades para gestionar la frustración o los límites
• Aislamiento social o pérdida de interés por actividades habituales
• Conductas impulsivas o de riesgo
• Autolesiones o expresiones de desesperanza
No siempre significa que exista un trastorno, pero una valoración profesional puede ayudar a entender mejor lo que está ocurriendo y orientar a la familia sobre cómo acompañar la situación.
Buscar ayuda a tiempo puede facilitar que las dificultades se aborden antes de que se intensifiquen y ofrecer a la persona joven herramientas para gestionar mejor sus emociones.
Sí. En el trabajo con adolescentes y jóvenes, la participación de la familia suele ser una parte muy importante del proceso terapéutico.
En Galiani acompañamos a madres, padres o cuidadores para que puedan comprender mejor lo que está ocurriendo y encontrar formas de apoyar el proceso de cambio.
Este trabajo puede incluir:
• Sesiones de terapia familiar, donde se abordan las dinámicas relacionales y se mejora la comunicación
• Espacios de orientación y psicoeducación, para entender mejor las dificultades emocionales y conductuales
• Programas de parentalidad, donde se trabajan herramientas para acompañar a la persona adolescente, establecer límites y sostener el proceso de forma más segura
El objetivo no es buscar culpables, sino construir un entorno familiar más comprensivo y estable que facilite el bienestar y el desarrollo de la persona joven.
Es una situación bastante frecuente. Muchos adolescentes o jóvenes pueden mostrar rechazo inicial a acudir a terapia, especialmente cuando sienten que no tienen un problema o cuando el malestar que están viviendo les resulta difícil de reconocer o expresar.
En estos casos, es importante entender que la resistencia forma parte muchas veces del propio proceso y no significa necesariamente que la terapia no pueda ayudar.
Cuando ocurre, solemos comenzar trabajando con la familia. A través de una primera orientación o sesión con madres, padres o cuidadores, podemos comprender mejor la situación, ofrecer pautas sobre cómo abordar el tema en casa y valorar cuál puede ser la mejor forma de facilitar que la persona joven se acerque al proceso terapéutico.
En muchas ocasiones, cuando se reduce la presión y se crea un espacio más seguro y comprensivo, la persona adolescente puede ir mostrando mayor disposición a participar.
Nuestro objetivo no es forzar el proceso, sino crear las condiciones adecuadas para que la persona joven pueda sentirse escuchada, comprendida y segura al iniciar el acompañamiento terapéutico. En cualquier caso, la familia no tiene que afrontar esta situación sola: podemos orientaros desde el primer momento sobre cómo actuar.